Pubertad Menopáusica: un desahogo de este revolú
A mí no me explicaron esta etapa y la estoy viviendo en todo su esplendor.
No para quejarme, sino para reconocerme y reconocerte.

Creo, que primero comencé con una pesadez extraña pero se la adjudicaba a las noches de insomnio recurrentes, ya que, sin descanso, no puedo bregar(me) al otro día.
A esto se le sumó un mal humor del más allá... bueno... más bien, una furia que salía porque sí.
Por lo más mínimo.
Por ver zapatos fuera de lugar, el papel de baño sin rellenar o el agua sin secar alrededor del fregadero, después de que alguien fregara... ¡ya sabes! Esas simplezas que nos aprietan los botones.
Me sentía como Railey en la película “Inside Out”.
Entonces, la fatiga mental y emocional comenzaron a reflejarse externamente y hasta en lo laboral.
También, se entrelazaron ciertas características hemorrágicas durante mi ciclo menstrual.
Tenía esa sensación de sentirme perdida en mí misma, aún cuando por fuera todo pareciera estar bien.
¡Digo! Aún ando perdida con mi cuerpo all over the place y no sintiéndome YO, pero hago lo que puedo.
Y es que los cambios se sienten.
A veces, como si estuvieras mutando… y vamos a ser honestas… incomoda, asusta y duele.
Podrán intentar romantizar esta etapa al compararla como la metamórfosis de la mariposa o decir que es la “segunda primavera”, pero las cosas como son.
Nuestra generación llegó desinformada
Nos estamos enterando de qué esperar, mientras lo vamos viviendo - y quien sabe si en par de años la información que estamos recibiendo sea otra.
Somos humanas, y por ende, siempre hay temor ante lo desconocido.
De no haber prácticamente casi nada de información, hace como 4-5 años atrás cuando quizás muchas de nosotras comenzamos a gatear por esta transición, hoy en día, hay un bombardeo de información que cambia casi como el algoritmo de Instagram.
Hablar de este asunto, puede resultar a veces overwhealming.
En lo que a penas estás empezando a engranar con una nueva rutina de alimentación, ya tienes que empezar a incorporar la creatina (otra palabra para tu vocabulario con fatiga mental), mientras intentas llevar la cuenta de los huevos y la clara que le echaste al revoltillo, la cantidad de vegetales que te comes al día y estar al pendiente de tu hidratación.
A esto, le sumamos la urgencia por alcanzar la lista del magnesio, no olvidarte del colágeno hidrolizado, el ashwagandha por las noches, el Omega 3, el combo de vitamina D3 + K2 y seguimos con el corazón apresurado porque es que también, debes ya comenzar hacer ejercicios de fuerza para crear la masa muscular que no creaste durante los pasados 30 años - (coge un respiro) - y que no se te olvide, cumplir con la meta de hacer los 10 mil pasos al día.
¡Ah!
Ahora también, hay que velar nuestros niveles de ferritina porque son pieza clave en la caída de nuestro cabello. Sí, los asocian íntimamente con esos espacios vacíos que sabemos identificar, cuando nos vemos frente al espejo.
Y en mi caso, sumo la operación de colon que tuve hace un año y te digo…
Cuando pensaba que mi problema mayor era la perimenopausia, la vida me sorprendió. (pero ese es tema para otro blog)
Pero como nosotras, somos nosotras…
Todo esto, lo atravesamos sobreviviendo esos calentones, mientras seguimos criando, siendo pareja, hijas, amigas, tías, hermanas, cuidadoras… y mantenemos nuestra profesión, o cambiamos de ella y decidimos emprender, sin darnos el permiso de “eskipiar” un día nuestro skin care.
Sí.
Ya sé que esta escena no es igual para todas. Pero, hay que honrarnos y validarnos porque cada una está haciendo lo mejor que puede.
No en balde la ansiedad anda por las nubes y estamos tan cansadas de sostener.
Hemos estado tan ancladas a esa versión nuestra, que cuando empieza a sentirse diferente, se nos aprieta el estómago.
Como si el cuerpo lo viera venir antes que nosotras.
Lo cierto es, que nadie nos entregó un manual de instrucciones para este momento.
Tampoco nos dieron un libreto…
No hubo un email de alerta, ni nos añadieron al grupo de los cambios after 40 de WhatsApp, para marcar en el calendario, el día en el que al miramos al espejo, dijimos: "No me siento yo."
Y cuando ese día llegó, algo distinto se trastocó en nuestro mundito interior.
Lo más seguro, antes de comenzar a montar el rompecabezas mental, pensaste que esas pequeñas cosas que te aquejaban, eran "cosas tuyas”.
O que se debía a que "estás pasando por un periodo de mucho estrés" y por eso te sientes así.
Pero la realidad, es que han sido pequeñas señales que hemos estado ignorando.
Y no, ni te estás volviendo loca, ni son cosas tuyas.
Seguramente, ese día (en particular) te miraste frente al espejo y sí te viste diferente.
¡Es más! - Lo más probable, calculaste mentalmente: "edad + síntomas" e inmediatamente, cerraste los ojos y moviste la cabeza sutilmente, diciendo "no".
Sabemos que esa vocecita en nuestro interior no miente y nuestro cuerpo, tampoco.
Por eso, se ha estado comportando diferente y tú, iniciaste la búsqueda en Google o en ChatGPT.
El cuerpo buscará la forma de comunicarse para dejarnos saber que hay algo que atender.
A veces, sí es la perimenopausia.
A veces, es un diagnóstico de salud inesperado.
A veces, es la vida misma...
A veces, son las relaciones, el trabajo, las finanzas, la familia, los sueños sin cumplir mientras vemos el reloj correr, el cansancio acumulado… o simplemente, es el peso de ser mujer.
Por eso, no me parece justo que nos reduzcamos a un diagnóstico, o a una sola etapa, cuando atravesamos por tantas estaciones y temporadas.
Y, a pesar de que no necesariamente todo lo que sentimos es perimenopausia, los cambios que nuestra humanidad femenina atravesará, no los podemos evadir.
Yo estoy aprendiendo a escuchar mi susurro.
Y no sé si te pase como a mí, pero hasta he comenzado a decir que no, a cosas a las que antes decía que sí, por complacer o por que es "lo que se supone que se haga".
Hay días en los que me siento biEn cansada de sostener.
Estoy que no quiero hacer nada para nadie, solo para mí.
Puede sonar egoísta... sobre todo, si eres madre y estás criando aún (como yo), pero hay que soltarlo, porque es algo que pesa y pasa.
Como mujeres, venimos arrastrando tAnta presión desde los tiempos coloridos de nuestra pubertad, que llegamos a esta pubertad menopáusica agotadas y lo queremos soltar todo.
A veces también, ¡hasta el marido!
Es una dimensión de muchos ajustes.
Hemos llegado sin información y agota caminar sobre la marcha.
Y no necesariamente porque queremos encontrar la contestación perfecta… sino, porque a veces da miedo descubrir lo mucho que estamos cambiando.
Pero, de eso se trata la vida.
De cambios, ajustes y transformaciones.
De etapas que llegan sin pedir permiso – aunque esta en particular, nos toca sí o sí.
Por eso, es importante que comencemos a educarnos, pero sin volvernos locas, sin andar repitiendo como el "papá gallo" y sin hacer lo que todas hacen, porque NO todo es igual para todas.
Escucha, lee, procesa y escoge lo que resuene en tu ser. Tú conoces tu cuerpo.
Sé la protagonista que tiene el control remoto en la mano, viendo su propia serie en streaming.
No caigas en la victimización, ni tampoco dejes que el exceso de información te "tiltée" la cabeza o ponga tus emociones patas arriba. (Lo sé, a veces pasa y es difícil)
¡Ya bastante tenemos en el plato!
At the end... acompañarnos mientras resolvemos este revolú, también es parte del proceso y se siente bien, saber que nos tenemos.
Recuerda que no estás sola.
Te veo, ¡me veo!
Cariños,
Lorna




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