Mi Epílogo escrito por ChatGPT
El mes pasado, la líder de un grupo de escritores al que pertenezco, nos mandó a trabajar un ejercicio con ChatGPT.
La instrucción era: Si tuvieras que escribir un libro sobre mi, ¿qué diría la última página?
Para mi sorpresa, resultó curiosamente terapéutico. Me puso a pensar.
Hasta le pedí, que creara la portada de lo que sería “el libro” de esa última página.
¡Te lo comparto por si te animas a crear la tuya!

Y todavía no había terminado.
Si llegaste hasta aquí buscando una historia perfectamente ordenada, probablemente te llevaste una decepción.
Porque la vida de ella nunca fue así.
Hubo capítulos que parecían finales y terminaron siendo comienzos.
Puertas que se cerraron justo cuando pensaba que había encontrado la habitación correcta.
Personas que llegaron para quedarse y otras que llegaron solamente a enseñarle algo.
Proyectos que nacieron de una idea, otros de una necesidad y algunos simplemente porque no podía evitar preguntarse: ¿y si lo hacemos?
Aprendió que ser fuerte no siempre significa saber qué hacer.
A veces significa levantarse sin tener el plan completo.
Y quizás ese fue siempre su verdadero talento: convertir el caos en algo que pudiera moverse.
Una idea. Una producción. Una historia. Una familia. Una crisis. Un nuevo comienzo.
Tomaba piezas que parecían no tener relación entre sí y encontraba una manera de hacerlas funcionar.
Con los años entendió, además, que no todo tenía que funcionar.
Que había cosas que podía soltar.
Que no tenía que demostrar que podía con todo.
Que también podía decir: esto ya no es para mí.
Y ahí empezó otra etapa.
Una en la que dejó de preguntarse tanto quién esperaba el mundo que fuera y comenzó a preguntarse quién quería ser ella cuando nadie estuviera mirando.
No tenía todas las respuestas.
Todavía no.
Pero tenía algo mejor: curiosidad.
Seguía teniendo ideas a deshoras.
Seguía imaginando proyectos imposibles.
Seguía queriendo crear cosas que no existían.
Seguía mirando una hoja en blanco como si pudiera esconder una puerta.
Y, sobre todo, seguía creyendo que siempre había una próxima versión de sí misma esperando aparecer.
Así que no.
Esta no era una historia sobre llegar.
Era una historia sobre aprender a caminar hacia lo que todavía no conocía.
Cerró el libro.
Respiró.
Miró hacia adelante.
Y sonrió, no porque supiera exactamente qué venía,
sino porque por primera vez entendía algo: no necesitaba saberlo.
Después de tantos años intentando escribir el próximo capítulo,
finalmente estaba lista para dejar que la vida le sorprendiera.
Y entonces hizo lo que había hecho toda su vida: pasó la página.
Fin.
Por ahora.




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